Se puede considerar a la “infoxicación” como la enfermedad
de la sociedad digital de principios del siglo XXI. Principalmente esta
“infoxicación”. Se produce principalmente tras la llegada de internet, su
crecimiento tanto a nivel de usuarios y en consecuencia el incremento
exponencial de información.
Alfons Cornellá, fue quien introdujo el término “infoxicación”
para definir “ intoxicación de información”.
La infoxicación es la saturación de
información con la que nos encontramos en la actualidad. A lo largo
del día recibimos datos y noticias constantemente y esta información no sólo
proviene de los medios de comunicación. Empresas, webs, blogs, instituciones
también generan una gran variedad de contenidos cada día: comunicados,
noticias, novedades….
Con la era digital, esta
información se ha multiplicado. Hay más medios de comunicación, más canales,
más formatos, y esto ha hecho que se valore cada vez más la calidad de
los contenidos.
La infoxicación es un problema que se resuelve
individualmente con organización y priorizando contenidos.
Los problemas derivados de la sobreinformación pueden afectar nuestro rendimiento personal y
profesional. Si prestamos demasiada atención a una gran cantidad de información de manera
sostenida en el tiempo y no finalizamos una tarea para continuar con otra diferente, esto dificulta
la desconexión de la mente, y la obliga a realizar un sobreesfuerzo. Es por esto que, debemos
reflexionar acerca de cómo nos informamos y qué métodos y herramientas utilizamos para
gestionar la información.
profesional. Si prestamos demasiada atención a una gran cantidad de información de manera
sostenida en el tiempo y no finalizamos una tarea para continuar con otra diferente, esto dificulta
la desconexión de la mente, y la obliga a realizar un sobreesfuerzo. Es por esto que, debemos
reflexionar acerca de cómo nos informamos y qué métodos y herramientas utilizamos para
gestionar la información.
El punto crítico está en comunicar más eficientemente. En sintetizar el mensaje, en presentarlo de forma atractiva, en combinar textos e imágenes y cualquier otro formato que le dé riqueza y facilite su comprensión. En explicar historias más que en dar datos. En sintonizar lo que quieres comunicar con el momento de atención del receptor; o sea, en saber encontrar cuándo éste está en el mejor estado de ánimo para poder digerir (metabolizar) la información que se le da. Presentar la información en una dieta informacional que sea útil y emocionante (es información lo que sorprende, no lo que ya sabemos). Porque la información que llega sin criterio o sin pasión es ruido. Y el ruido molesta.
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